Más allá del PSOE: allí donde se juega la partida

 Article escrit amb Gemma Ubasart, publicat a El País (23/2/2026) 

https://elpais.com/opinion/2026-02-23/mas-alla-del-psoe-alli-donde-se-juega-la-partida.html

 Allí donde se juega la partida. No pretende ser un inicio pretencioso o provocativo. Si se lee políticamente el contexto, resulta evidente que solo puede frenarse la llegada de VOX al gobierno del Estado, y por lo tanto la consolidación de la deriva hacia la derecha radical, si se juega de manera inteligente en los espacios de la triangulación de izquierdas y plurinacional, más allá del PSOE. Y esto tiene que ver con la articulación de proyectos, programas y liderazgos sólidos y creíbles, pero también con una buena estrategia electoral.

Eso no exime a los socialistas de hacer su trabajo. Toni Domènech da una pista. En El declive de la fraternidad escribe que Azaña acierta en la alianza republicana-socialista en 1931: era la única posible en el contexto de importantes retos históricos. Eran necesarios avances emancipatorios radicales, yendo a la raíz de los problemas, tanto desde un punto de vista normativo (se gobierna para generar cambios) como instrumental (para poder blindar el apoyo ciudadano al nuevo proyecto). Algo similar ocurre hoy. 

¿La batalla está perdida?

Antes de entrar en materia, una previa. Es lógico que para algunos actores sea importante debatir de manera política (que no moral, no confundirse) si la batalla está ya de antemano perdida. Sin este punto de partida, las propuestas que están proliferando en la arena pública tendrían poco sentido. Conviene ir al inicio, deliberar más allá de redes sociales, medios y actos públicos sobre el diagnóstico de la situación actual. Porque de este diagnóstico, derivaran procesos y concreciones.

Desde nuestra perspectiva periférica, la depresión continuada del espacio progresista madrileño crea un microcosmos que propicia miradas extremadamente pesimistas. Y no es algo nuevo. Ya en 2022, y en diversas visitas a la ciudad, detectamos entre analistas, líderes partidistas y profesores, de distintas sensibilidades de la izquierda, un estado anímico de negatividad distante de una realidad política mucho más compleja que podía albergar elementos de esperanza.

No es una simple alternancia

El momento es grave. El avance de las derechas radicales y de las apuestas desdemocratizadoras en el mundo es una realidad.  Los gobiernos de los estados-nación tienen un papel relativo, pero aún lo tienen. Frente a la voluntad explícita de cambiar las reglas de juego, los consensos básicos, no es poco disputar la existencia de gobiernos con lógicas bien ensambladas con actores políticos y sociales, que hagan bandera de la democracia, los derechos humanos, el estado del bienestar, la acción climática, o el derecho internacional. No podemos no intentarlo: las ventanas de oportunidad también se construyen.

La respuesta neokeynesiana de Europa frente la crisis de la covid-19 es un claro ejemplo. Y España, con un gobierno de coalición progresista, jugó fuerte en la definición del rumbo de la región. Más público (estatal y comunitario) fue la respuesta a la crisis, y dio esperanza. En las elecciones que se celebran a lo largo del binomio 2020-22 la reacción retrocede, penalizada per su egoísmo y negacionismo. Esto cambia con los tambores de guerra, exaltación militarista a la que la opinión publicada prestó destacados altavoces.

 Agendas compartidas

No es baladí quien está en cada momento y sitio. No es un tema de personas sino de agendas. Sin Unidas Podemos en el gobierno en 2020, ¿se hubiera profundizado el giro social? Es un contra fáctico, no lo sabremos nunca, pero sirve para pensar. Quienes escribimos este artículo no estamos en el juego partidista. Y entendemos que sería de mucho interés armar programa político, facilitar puntos de encuentro, de producción y de imaginación más allá de los actores concretos. Identificar y construir agendas compartidas entre formaciones.

Es la triangulación de izquierdas y plurinacional la que hace posible gobiernos y coaliciones progresistas a partir de 2018. Pero al conjunto de espacios diferentes al PSOE les ha costado mucho impulsar dinámicas de cooperación. Se ha jugado en pequeño. Resulta un reto primordial poder tejer horizontes de esperanza en un contexto de complicidades y confianzas. Porque el conflicto y la disputa son consustanciales a la vida política, pero situarse permanentemente en ellos genera desafección. De la misma forma que lo hace el exceso de tacticismo o la obsesión por la comunicación inmediatista.

 La táctica electoral y el seguro plurinacional

Estas agendas compartidas solamente podrán hacerse efectivas si se sale bien posicionado de la cita electoral. ¿Cómo hacerlo? Sin fórmula mágica, pero si con dos ideas básicas. La primera, las complicidades y confianzas que apuntábamos. No nos jugamos un escaño arriba o abajo individualmente, sino sobre todo un resultado de conjunto. El segundo, conocer en profundidad como opera el sistema electoral: de las 52 circunscripciones, solo unas pocas son proporcionales, lo que invita a cooperar. Actuar con bisturí, de manera similar a como lo hizo Mamdani en su carrera a la alcaldía de NY. Generosidad y buen análisis.

Finalmente remarcar la especificidad del caso español: el seguro contra la deriva hacia la derecha radical ha sido la plurinacionalidad. Las derechas nacionalistas periféricas, de la misma manera que ocurrió a partir del Pacto de San Sebastián, han preferido falcar una opción de esperanza a una de reacción. Las izquierdas soberanistas se consolidan como sólidos proyectos de transformación en varios territorios. Los proyectos políticos con arraigo reciben la confianza del electorado. Probablemente la iniciativa hacia 2027 deberá tejerse a partir de la plurinacionalidad, la imaginación y las dinámicas de fraternidad.

Zohran Mamdani, una carta d’amor a Nova York

Article publicat a Catalunya Plural: https://catalunyaplural.cat/ca/zohran-mamdani-una-carta-damor-a-nova-york/

Diu Naomi Klein que la campanya de Zohran Mamdani ha estat “una carta d’amor a la ciutat més revoltosa del món”. Una carta, podem afegir, escrita amb l’idioma de la quotidianitat i la gramàtica de l’alegria. Amb diversos registres entrellaçats que han esdevingut esclat popular i electoral: que han fet possible guanyar Nova York. Apuntem aquí alguns dels principals traçats que expliquen la força i la consistència d’aquest l’esclat.   

El municipalisme. La força de la proximitat.

Des del 2015 i arreu del món, el cicle del nou municipalisme ha obert finestres democràtiques. Ho ha fet construint horitzons d’esperança i canvis progressistes, enfront a mercats globals generadors de grans desigualtats; i enfront a estats excloents atrinxerats en fronteres, autoritarismes i guerres. Passa que les ciutats no son subjectes polítics en la governança internacional: el persistent i anacrònic monopoli dels estats i de la seva geopolítica segueix empenyent els espais de proximitat cap a racons pretesament perifèrics i d’escassa visibilitat. Però aquest dibuix, massa lentament, es va alterant. És als carrers, les places i els barris, a través de l’acció col·lectiva i institucional, on es van teixint sentits i transformacions que fan possibles vides més plenes i comunitats més fortes... ‘y en eso llegó Mamdani’. Existeixen bases i trajectòries sí; però la confluència del perfil de Zohran Mamdani amb la ciutat de Nova York situen l’escenari municipalista a un nivell de rellevància inèdit.

Aterrem-ho. L’any 2025, Nova York ha aprovat un pressupost municipal de 112.000 milions $ (96.000 milions €) amb una població de 8,6 milions d’habitants. Tracem una mirada comparativa. Barcelona, amb 1,7 milions d’habitants, disposa enguany d’un pressupost a la ratlla dels 4.000 milions €. Nova York, per tant, multiplica per cinc la població de Barcelona i per vint-i-tres (!) la despesa municipal. Impressionant. Es tracta d’un marc de fortalesa tangible on Mamdani pot concretar els seus compromisos, on -com deia ell la nit electoral- “fer que els somnis que hem somiat junts es converteixin en l’agenda que desplegarem junts”. En síntesi, una esfera local molt potent on aterrar les propostes programàtiques.

El programa. La força de la ciutat assequible.  

És cert que la conversa i la cultura política als països anglosaxons tendeixen a articular-se, en bona part, al voltant de les polítiques públiques. Això passa molt poc als països llatins. Tendim aquí a construir imaginaris col·lectius a partir de referències ideològiques abstractes, o bé d’un ‘teatre’ polític on els actors  competeixen per pretesos rèdits electorals. Mamdani i la clau municipalista, novament, han confluït per convocar l’àgora ciutadana a l’entorn de qüestions concretes, defugint paraules grandiloqüents  i apel·lacions d’alt voltatge simbòlic. Però qüestions, això sí, amb una elevada capacitat de vehicular valors, expressar projectes col·lectius i definir model.   

Zohran Mamdani ha trenat un sòlid fil conductor de campanya des de quatre propostes clau: la congelació dels lloguers regulats; un servei de busos urbans ràpids i gratuïts; escoles infantils per a tothom i sense cost per a les famílies; i una xarxa d’alimentació als barris a preus assequibles. S’han sumat, a aquesta agenda central, compromisos socioeconòmics (un nou impost a l’1% més ric i un salari mínim de 30$ l’hora el 2030); climàtics (una xarxa de 500 escoles verdes); de drets humans i comunitaris (la protecció del col·lectiu trans; l’enfortiment d’infraestructures de ‘ciutat santuari’ enfront les violències de Trump; i la creació d’un departament de seguretat comunitària). Es tracta d’un catàleg propositiu senzill però molt potent, vertebrat en un paradigma que es declina en dues idees-força complementàries: la ciutat assequible, la que no exclou, la que retorna esforços i apostes vitals en forma d’acolliment i cures; i la ciutat ‘que ens podem permetre’, la que dialoga i decideix en clau col·lectiva, la que es va configurant com a bé comú. “Afford to live, afford to dream” deia Mamdani, el Nova York que permet viure i somiar.

L’organització. La força de les xarxes i de l’activisme.

La trajectòria de Zohran Mamdani ha estat meteòrica, amb un component de lideratge indiscutible. Era, fa ben poc, un electe desconegut a l’Assemblea de l’Estat de Nova York. Irromp en la cursa de l’alcaldia, fa només un any, sense cap suport en les estructures del Partit Demòcrata. En dotze mesos, tanmateix, catalitza una constel·lació de pràctiques de mobilització sense gaire precedents arreu del planeta, per la seva intensitat i per la combinació dels seus múltiples instruments. Alguns estudis recents en el camp de l’acció col·lectiva destaquen un doble gir de canvi d’època: aquells moviments socials del segle XX vinculats a grans narratives donen pas a unes pràctiques que assumeixen, d’una banda, l’espai digital com a terreny d’alternatives (un ecosistema de ciberactivisme) i, d’altra banda, uns repertoris d’acció molt més vinculats a barris i entorns de quotidianitat, allà on la gent comuna esdevé protagonista dels seus propis itineraris de lluita i disputa de futurs.   

Mamdani expressa molt bé aquest doble gir. Ha apostat sense complexos per les xarxes socials, amb els seus llenguatges i formats innovadors. Ho ha fet de forma col·laborativa, amb un ampli ventall de creadors i creadores de continguts. I ha erigit, alhora, un descomunal entramat d’acció comunitària: 104.000 voluntaris a tots els barris, 3.1 milions de visites a llars, 4,5 milions de trucades i 2,7 milions d’octavetes distribuïdes. Es tracta d’un sistema de gran capil·laritat i personalització que s’articula al teixit constituït d’organitzacions socials: Zohran Mamdani havia vinculat el seu mandat representatiu al moviment anti-desnonaments, al sindicalisme habitacional i laboral o a l’activisme climàtic i pels drets civils. La tríada persones-comunitat-innovació ha resultat imbatible.

La política  transformadora. La força de l’alegria.

Finalment, en termes nítidament polítics, Mamdani ha anat desgranant sense renúncies la seva identitat com a ‘socialist democratic’: no n’ha fet bandera, però l’ha traduïda a cada proposta. Un socialisme democràtic tan lluny de les èlits del Partit Demòcrata com de qualsevol fórmula autoritària, intransigent o nostàlgica; un progressisme ambiciós que creix a partir de la diversitat dels barris i de les vides de la gent; que aposta a la llibertat real per a tothom: “we are all allowed to freedom” solia repetir el candidat. I és en aquest marc que Zohran Mamdani ha articulat amb naturalitat els eixos econòmic, ecològic i cultural, perquè sap que l’acció climàtica i l’espai ‘woke’son irrenunciables;  i son també indestriables de la millora de les condicions de vida de les classes populars. És ben clar també que les dinàmiques novaiorqueses no han restat al marge de la política nacional. Mamdani ha guanyat referencialitat anti-Trump, però no ho ha fet des de la confrontació resistencial, sinó des del desplegament d’alternatives en totes les dimensions en disputa. I ha guanyat referencialitat en el Partit Demòcrata, però no tant des d’una suposada agenda radical (enfront el centrisme de les propostes guanyadores a Nova Jersey i Virgínia), sinó des de la proximitat a la gent, als seus problemes i als seus horitzons de felicitat.

I el més important, tot s’ha anat sostenint en la lògica política de l’alegria. La indignació o la ràbia poden ser forces deconstituents, però no construeixen futur, no construeixen res. Com deia Raymond Williams, allò transformador “és fer l’esperança possible, no la desesperació convincent”.  Avui l’onada reaccionària cavalca sobre espirals d’odi, autocràcia i punitivisme. L’articulació d’alternatives democràtiques, de retorn del poder a la gent, requereix de la fraternitat i l’empatia com a formes d’organització social; de la centralitat de les cures com a antítesi a totes les violències; del comú com a espai de gestió de les nostres vulnerabilitats: Zohran Mamdani ho advertia al trumpisme “to get to any of us, you will have to go through all of us”. En síntesi, alegria, horitzons d’esperança, vincles i mixtures... les claus que han permès guanyar Zohran Mamdani; els codis per anar desxifrant, en endavant, els mapes d’una ciutat més democràtica i igualitària.           


Per disputar el futur: més municipalisme

 Article publicat a https://fundaciosentitcomu.cat/publica-digital/per-disputar-el-futur-mes-municipalisme/ 

Un temps nou...

Al llarg de les últimes dècades, els principals paràmetres que havien vertebrat la societat industrial trontollen de forma irreversible: ho fa el model productiu fordista, els formats clàssics d’acció col·lectiva i el contracte social postbèl·lic. Es desplega amb el s.XXI un cicle de transicions múltiples. S’aguditzen a escala planetària els efectes de l’era fòssil i guanya centralitat el conflicte capital-vida; es van configurant espais de quotidianitat multicultural, així com noves diversitats afectives i de gènere; s’entrellacen tecnologies disruptives i dinàmiques de finançarització: el capitalisme esdevé digital i rendista alhora. Va sorgint un món de complexitat creixent, amb escenaris d’incertesa, processos d’individualització i ‘gramàtiques’ del comú. Un temps nou que anem desxifrant a cop de fragilitats personals, infraestructures de solidaritat, resiliència comunitària i vulnerabilitat ambiental.

En aquest marc de canvi d’època, assistim avui al desplegament d’una onada reaccionària global orientada a instal·lar narratives de restauració d’ordres tradicionals. De Trump a Meloni, de Putin a Milei... branden banderes d’intransigència teixides per fils d’autocràcia, bel·licisme, privilegis, punitivisme, jerarquies, binarisme, homogeneïtat...  Es tracta de retòriques construides des de repositoris d’odi i d’exclusió; relats que pretenen emmarcar la propagació de pors, negacionismes i nostàlgies. Disparen contra els espais de llibertat i d’inclusió guanyats en el recent cicle d’avenços: contra les polítiques verdes, les mixtures, les agendes feminista i LGTBIQ+, la cultura de pau... les ciutats sense por.

Tot això dibuixa, per als espais progressistes, un nou mapa de reptes. Apareixen, d’entrada, dos paranys a conjurar: una certa depressió, que condueix al derrotisme;  i una certa tendència al refugi en receptes del passat, desposseïdes de claus de resposta a realitats emergents. Caldrà, d’una banda, articular una ofensiva de futur, amb voluntat de disputar-lo des de l’ètica de l’esperança. I caldrà, d’altra banda, traçar una cartografia de fraternitat des de coordenades innovadores de transformació: refermar la centralitat de la transició ecològica; impulsar vectors clau d’ampliació democràtica; situar les cures al centre, com a antítesi a totes les violències; enfrontar estructures de privilegi; enfortir la cultura de pau i l’antipunitivisme. No es tracta d’un catàleg d’utopies. Son formulacions que connecten amb moltes pràctiques col·lectives que transiten avui -amb límits i fragilitats- aquests camins. Ho fan, però, amb més arrelament que les proclames reaccionàries, amb més força que les convocatòries a la desesperança, amb més presència quotidiana del que pot semblar. Posar-les en valor és el millor fonament per seguir transformant.

I és aquí, al cor de l’ofensiva de futur, que el municipalisme pren volada. Com a projecte amb força renovada: ciutats valentes que -enfront l’autoritarisme i les ‘promeses trencades d’estats i mercats’ (David Graeber)- fan un pas endavant per forjar horitzons de sentit: per guanyar vida, protegir el clima i cuidar la democràcia en comú.

Unes ciutats sense por...

És cert que al llarg del segle XX, les propostes transformadores i els règims de benestar es van referenciar en l’àmbit estatal: les ciutats no van protagonitzar l’expansió dels drets socials. Va esclatar, però, un primer punt d’inflexió. L’any 1968, Henry Lefebvre publicava Le droit à la ville. Plantejava retornar les claus de l’emancipació als temps de la quotidianitat i als espais de la proximitat: cartografiar en el dret a la ciutat els processos de transformació. Anys després, al tombant del mil.leni, els moviments socials polititzaven la globalització, i les comunitats urbanes emergien com a llocs de prefiguració. David Harvey publicava l’any 2000 Spaces of Hope i si un altre mon era possible, ‘començava a les ciutats’. Una dècada més tard s’articulava la Habitat International Coalition. La ‘internacional urbana’ tornava a alçar la bandera del dret a la ciutat i aconseguia que quedés incorporat a la ‘Nova Agenda Urbana’ aprovada a la cimera Hàbitat III (Quito 2016). Ho feia en un context on s’obria una nova estructura d’oportunitats, un nou punt d’inflexió: el sorgiment del nou municipalisme. Una escletxa democràtica creadora de condicions de possibilitat per declinar horitzons de canvi en accions de govern. Ha estat un trajecte llarg i carregat de lluites, pero fonamental.

El nou municipalisme esclata a l’estat espanyol. El 2015 irrompen les candidatures de confluencia. Les ciutats generen la primera gran articulació política del marc cultural del 15m; i la hipòtesi municipalista permet fer-la avançar per camins de majoria. En aquest nou escenari, l’experiència de Barcelona en Comú es va erigint en referent del cicle. Es despleguen, més enllà, apostes municipalistes arreu del món. En efecte, al llarg de les últimes dècades, la vella política ha anat acumulant problemes creixents per abordar els canvis. S’han desfermat dinàmiques galopants de globalització desregulada; mentre els estats, d’altra banda, han tendit a atrinxerar-se en preteses estratègies de protecció basades en l’enduriment de fronteres i el replegament autoritari. Moltes ciutats, en aquest context, han mantingut oberta la finestra democràtica: el nou municipalisme com a possibilitat de reconnexió de les institucions al bé comú. Ciutats i governs locals com a protagonistes -com a subjectes polítics- d’un món on erigir alternatives practicables a injustícies globals i exclusions estatals.

El ventall de pràctiques realment existents és molt ampli. L’Observatori Internacional de la Democràcia Participativa mostra 200  experiències de pressupostos participatius i més de 40 assemblees de deliberació ciutadana. A Fearless Cities, la ‘internacional municipalista’, conflueixen ciutats i agents socials de més de 50 països, impulsant transformacions i aprenentatges creuats. S’han articulat a la UE xarxes urbanes de transició ecològica per assolir la neutralitat climàtica abans del 2030. Als EEUU, el moviment de ciutats per la renda bàsica agrupa més d’un centenar de governs locals. S’enforteixen, a moltes ciutats d’Amèrica Llatina, les infraestructures socials i l’organització comunitària de les cures.

Ciutat a ciutat, les estratègies municipalistes s’enforteixen...  a)  protegint la vida i el planeta: Amsterdam és (pràcticament) una ciutat sense cotxes; Copenhague esdevindrà, el 2025, la primera capital del món neutre en carboni; Milà ha impulsat el pacte de polítiques alimentàries, amb la producció ecològica i la sobirania al centre; Medellín celebra 40 anys apostant per la mobilitat activa, amb l’expansió sostinguda de les ‘ciclovías’... b) frenant l’especulació i defensant els barris: Viena ha fet realitat el dret a l’habitatge; París ha blindat la reserva de pisos assequibles com a eina de mixtura social; Berlín ha posat els lloguers sota control municipal; Montevideo ha configurat un model altament resilient d’habitatge cooperatiu... c) treballant per la inclusió i la diversitat: Helsinki ha eradicat el sensellarisme amb l’aposta pel housing first; Londres ha consolidat un salari mínim urbà i Bristol una moneda social com a palanca de transformació del teixit econòmic; Mont-real ha forjat un model referent de convivència intercultural... d) ampliant la democràcia participativa:  Nàpols disposa d’una política de patrimoni ciutadà que blinda la gestió comunitària dels equipaments municipals; Jackson i Rojava han aprofundit models d’autogestió comunal i cooperativisme; Iztapalapa (CDMX) ha creat una xarxa d’espais, les ‘utopías’ (autèntics palaus del poble), com a infraestructures de cohesió.

El nou municipalisme és aquí  i ha vingut per enfortir-se. En altres moments històrics, les grans batalles col.lectives es van donar en l’àmbit dels estats. Avui és a les ciutats on es disputen les grans partides del s.XXI: entre la crisi climàtica i el futur; entre la segregació i el bé comú; entre l’especulació i la vida; entre els vincles i la soledat. Els estats, tot i així, segueixen ocupant els grans espais de centralitat simbòlica i substantiva. Urgeix un canvi de paradigma en la governança global. El municipalisme ha començat a articular un ecosistema de xarxes de ciutats amb voluntat de guanyar subjectivitat internacional. Cal seguir avançant, des d’aquí, cap a un model horitzontal i d’interdependències, de sobiranies compartides i acordades, on l’escala no impliqui jerarquia. Un esquema de municipalisme enfortit, on els estats perdin (el) poder.

El projecte municipalista aplega les condicions per vertebrar l’ofensiva de futur... perquè  la vida quotidiana és l’únic espai tangible on van cristal·litzant canvis i millores; perquè tenim més poder del que ens han fet creure. És als carrers, places i barris, amb els seus espais comuns, on la gent senzilla va teixint el ventall de pràctiques i vincles que permeten superar injustícies i pors, que permeten imaginar i construir futurs millors.

Un municipalisme en comú...

Sorgeix, sobre aquestes bases, el repte de traçar un projecte municipalista entorn a dues dimensions clau: innovar les polítiques des d’ètiques de fraternitat i cura; i democratitzar la producció d’aquestes polítiques des de lògiques comunals i deliberatives. Una política de proximitat que, com les dones de Lawrence, aspiri a ‘bread for all and roses too’.

Innovar les polítiques: guanyar vida, construir fraternitat 

En termes substantius, l’agenda municipalista es pot declinar en tres eixos principals:

- Protegir la vida i el planeta: teixir transicions ecològiques urbanes. La resposta a la crisi climàtica serà municipalista o no serà. La pedra angular de la transició ecosocial es troba avui a les ciutats. En un urbanisme verd i feminista que permeti teixir vincles a carrers i places: trames urbanes al servei de formes col·lectives de viure i exercir ciutadania; de formes saludables de moure’ns i respirar. I en un ecologisme urbà que permeti la protecció quotidiana del clima, compromès amb les sobiranies de proximitat (energètica, hídrica, alimentària); amb la biodiversitat i la preservació d’ecosistemes; amb la descarbonització del sistema productiu.

 

- Empoderar les persones: teixir drets socials de proximitat. El municipalisme ha de ser punta de llança en la creació d’estructures d’oportunitat que facin possible la realització de tots els projectes de vida: una aposta quotidiana per construir equitat i celebrar diferències. Avançar cap a ciutats on es garanteixin les bases materials de la vida: el dret de tothom a una llar on habitar de forma segura, a una renda bàsica per existir amb dignitat. On no tinguin cabuda ni l’especulació ni la precarietat. Un municipalisme obertament feminista i LGTBIQ+; acollidor i intercultural; amb el dret a la ciutat per a totes les edats.

- Millorar els barris: teixir comunitats diverses i cuidadores. La solidaritat és la tendresa dels barris i el municipalisme transformador té sentit si disputa les batalles contra la segregació urbana, l’afebliment relacional i la gentrificació. Si situa, en el centre del projecte, una agenda de fraternitat: polítiques de barreja social i pràctiques on produir capacitats col·lectives. Barris cohesionats per xarxes públiques d’infraestructura social, per l’organització comunitària de les cures, i per lògiques de suport mutu que articulin la protecció de les vulnerabilitats. Un municipalisme que aposti per barris dinàmics, amb estructures econòmiques comunals que impulsin la creació i apropiació col·lectiva de valor.

 Ampliar la democràcia: articular la participació i construir el comú

Creuant els eixos anteriors, el projecte municipalista ha de transitar camins d’ampliació democràtica. Barris i ciutats com a espais de democràcia oberta, honesta i transparent. Una política humil per escoltar i aprendre; empàtica per incorporar sabers populars i intel·ligències col·lectives; valenta per alterar relacions de poder i socialitzar capacitats.

Acords i estructures públic-comunitàries. Ha adquirit força, al llarg dels últims anys, un camp d'acció col·lectiva que situa els elements d’autonomia i de cooperació com a eixos centrals. Es tracta d’un conjunt de pràctiques ciutadanes que adopten formes diverses: dissidència urbana (blocs recuperats, espais autogestionats...); innovació social (habitatge cooperatiu, comunitats energètiques...); i suport mutu (xarxes veïnals davant vulnerabilitats relacionals o materials). Sorgeix, a partir d’aquí, un repte clau: treballar en les interseccions entre la lògica universalista de les polítiques de proximitat i el potencial cooperatiu de l’acció col·lectiva, amb la voluntat d’articular una esfera d’hibridació públic-comunitària. Un municipalisme més orientat a vertebrar el comú que a gestionar aparells institucionals: del welfare al commonfare.

- Trames deliberatives i de decisió ciutadana. Més enllà de les estructures públic-comunitàries, el municipalisme ha de seguir compromès amb l’altra gran dimensió d’obertura de la finestra democràtica: aprofundir la participació com a dinàmica de retorn de la política a mans de la ciutadania. La creixent complexitat de col·lectius i de valors pot ser treballada com a context d’oportunitat cap a un municipalisme d’implicacions i aprenentatges socials múltiples. Caldria, en aquest marc, superar els esquemes clàssics de participació i transitar cap a lògiques deliberatives amb capacitat de decisió ciutadana directa. La concreció d’això en pràctiques tangibles passaria per generar un entramat participatiu, divers i ubicat en el nucli de la governança municipal.

 I uns camins de futur...

S’han traçat els eixos que poden articular una proposta municipalista connectada als reptes democràtics i ecosocials del s.XXI. Al llarg dels últims anys, als ajuntaments i als barris s’han dibuixat camins que humanitzen la política; s’han explorat utopies quotidianes. Es la manera municipalista d’erigir alternatives a discursos d’odi i a pràctiques de trinxera.

Queden molts camins a recórrer, i cal més municipalisme per fer-ho. Enfront la geopolítica dels estats i els seus tambors bèl·lics, la cultura de pau de les ciutats; contra dinàmiques d’especulació i rendisme immobiliari, projectes de vida autònoms i en peu d’igualtat; davant la depredació climàtica del planeta, l’ecologisme de la quotidianitat. Cal més municipalisme per repensar la democràcia des de barris cuidadors; per impulsar agendes locals de fraternitat;  per construir comunitats fortes en marcs d’incerteses; per no deixar ningú enrere i ningú sol. Queden moltes coses a canviar i resta intacta la confiança en la força de la gent per canviar-les. En ple s.XXI, la política democràtica ha de generar les condicions per fer el futur possible. Fer-lo més inclusiu i habitable és indestriable d’una democràcia arrelada, discreta i audaç. Una democràcia a l’entorn d’un municipalisme valent que s’assembli a la vida de la gent, que no sigui aliè a cap dels seus problemes, a cap dels seus horitzons de felicitat.