Espacios y políticas para construir fraternidad

 Article amb Ismael Blanco, publicat a ElDiario (7/2/2022)

https://www.eldiario.es/catalunya/espacios-politicas-construir-fraternidad_129_8704388.html

Desigualdades sociales y esferas de segregación

Hacia finales de los años 70 del siglo XX se produce una inflexión, a escala global, en la dinámica de distribución social de la renta: se abre un ciclo de crecimiento intenso de las desigualdades en buena parte del mundo. Al entrecruzarse con variables de género, edad, origen y residenciales, el incremento de la desigualdad da lugar a unas estructuras socioespaciales más complejas y fragmentadas. En la última década se han acelerado este tipo de procesos: primero como consecuencia de la gran recesión de 2008 y sus políticas de austeridad; de forma más reciente, como consecuencia de la crisis sanitaria, social y económica provocada por la pandemia.

El crecimiento reciente de las desigualdades se produce en un marco de fuertes interacciones con las dinámicas de segregación social, es decir, con la tendencia de distintos grupos a separarse en su cotidianidad, de manera que las vidas de unos y otros transcurren en espacios no compartidos, con interaccioners escasas entre ellos. La segregación resulta por tanto en la práctica inexistencia de mixtura; expresa la fragilidad o ausencia de escenarios de mezcla, de comunidades con vinculaciones cruzadas. Sucede que cuando la construcción de igualdad se debilita, las segregaciones tienden a ensancharse; la cristalización progresiva de esferas segregadas genera entonces nuevas condiciones de ampliación de desigualdades. En sentido opuesto, la existencia y la calidad de espacios de mixtura, de comunidades diversas con alta densidad relacional, opera como factor promotor de horizontes de equidad. Es el núcleo de la tesis de Klinenberg en ‘Palacios del pueblo’ [i]: la construcción de valores compartidos requiere espacios compartidos. Una sociedad más igualitaria exige una infraestructura social que la sustente en términos de cotidianidad.

¿Transitan nuestras vidas por esferas de segregación, con mayor o menor intensidad según en qué ámbitos? ¿Operan estas fragmentaciones como motor de crecimiento de la desigualdad?. En ‘¿Vidas segregadas?. Reconstruir fraternidad’ [ii], libro colectivo de próxima aparición, se exploran elementos de respuesta. Emergen los rasgos que caracterizan esas esferas de vida donde las desigualdades cristalizan en segregaciones, allí donde la cotidianidad se fractura. Son procesos de fragmentación socioresidencial, junto a lógicas de desvinculación relacional y fragilidad comunitaria, así como segregaciones con sesgos de clase y género en las dinámicas cotidianas de movilidad. Son escuelas y redes de escolarización segregadas, junto a espacios educativos extraescolares fuertemente excluyentes, así como lógicas fragmentadas de acceso y práctica cultural. Son esferas segregadas de atención sanitaria según niveles de renta, y ‘desiertos de alimentación saludable’ en barrios de alta vulnerabilidad. Son finalmente capacidades institucionales y cívicas en barrios de rentas medias, junto a áreas de alta vulnerabilidad privadas del capital relacional necesario para revertir sus múltiples desventajas.

La acumulación de este conjunto de dimensiones ofrece el mosaico de la segregación cotidiana. Para superar esta lógica, e impulsar transiciones hacia escenarios de mixtura igualitaria se hacen necesarias políticas públicas de nuevo tipo y prácticas de innovación social, así como pautas de interacción entre ellas: espacios de construcción de lo común, ‘palacios del pueblo’.

Hacia un nuevo contrato social: políticas para construir fraternidad

El contrato social posbélico implicó en la Europa democrática un amplio ejercicio colectivo de solidaridad. Las instituciones de bienestar, sobre todo las de carácter universal, impulsaron el encuentro entre grupos sociales con independencia de sus niveles de renta y mantuvieron por tanto activas las condiciones cotidianas de la igualdad. Pero el estado de bienestar no sólo ha actuado como palanca de igualdad y de mezcla. En ciertas circunstancias ha operado también como factor de segregación. Cuando las políticas sociales no son universales (por ejemplo, programas selectivos por niveles de renta), ni se incardinan en procesos de construcción de comunidad (por ejemplo, equipamientos públicos ajenos al tejido social del territorio) pueden contribuir a reforzar dinámicas de fragmentación. Un ejemplo histórico de este fenómeno, de nítidas características socioespaciales, fue la construcción masiva de vivienda pública en las periferias de las grandes ciudades europeas: el derecho a la vivienda se hizo tangible en términos de segregación urbana.

Hoy, en un contexto de cambio de época, la reconstrucción de ciudadanía y sus coordenadas de debate deberían situarse en el tipo de valores y políticas necesarias para tejer igualdades y mezclas, para hacerlo respetando diferencias y autonomías. ¿Cómo erigir una dimensión de fraternidad potente en el núcleo de una ciudadanía social posible para el siglo XXI?. ¿Puede dibujarse una agenda de transición hacia escenarios cotidianos de mixtura igualitaria?. Emerge el reto de explorar políticas y prácticas orientadas a rearticular espacios compartidos y vínculos, a generar lugares y redes de mezcla e hibridación de grupos y funciones. Parece evidente, además, que la vertiente de fraternidad debería tejerse desde políticas de proximidad y por tanto desde poderes locales más fuertes; así como desde la profundización democrática y por tanto desde la cocreación ciudadana de esas políticas. Podemos considerar cinco ejes vertebradores. Ámbitos donde tejer el entramado político y comunitario de la mixtura: ese nuevo contrato social que, ahora sí, articule igualdad con fraternidad.              

- Regeneración urbana. El conjunto de vulnerabilidades vinculadas a la segregación y la exclusión habitacional ganan centralidad en la estructura emergente de riesgos sociales. Frente a hábitats fragmentados y desiguales, surge la necesidad de una bateria de políticas urbanas por el derecho a la ciudad, como componente clave de la agenda de fraternidad: el acceso a la vivienda en todos los entornos urbanos; la seguridad residencial ante dinámicas de gentrificación; la mejora de barrios vulnerables ante dinámicas de degradación; y la configuración de espacios urbanos para la movilidad saludable. Una agenda contrasegregadora orientada a crear cotidianidades compartidas en lugares de mixtura social y funcional.     

- Inclusión social e interculturalidad. Los escenarios de fragmentación desigual cristalizan en el espacio urbano, y lo hacen también en su geografía humana: interaccionan vulnerabilidad residencial y exclusión social. Las estrategias de inclusión deberían desarrollarse en dos campos principales. a) La pobreza severa remite al fortalecimiento de las redes de servicios sociales. Frente a las fracturas en el tejido de la cohesión, resulta fundamental la existencia de unos servicios sociales universales, promotores de la autonomía personal y los lazos comunitarios, con capacidad de impulsar lógicas de empoderamiento que situen a personas y colectivos vulnerables como sujetos activos de sus propios itinerarios de inclusión. b) Las ciudades han ido transitando hacia la heterogeneidad de orígenes. La agenda de fraternidad remite al modelo intercultural, definido por la voluntad de generar simultáneamente condiciones de igualdad política, inclusión social y reconocimiento cultural. Y tanto más importante: sin coexistencias cotidianas en paralelo. Con reglas de juego acordadas que hagan posible la interacción, barrio a barrio. 

-  Acción comunitaria. La segregación comunitaria implica múltiples fragilidades en la esfera relacional: interacciones débiles y lazos solidarios escasos; soledades forzadas y dinámicas de aislamiento; vidas desvinculadas de sus entornos. La acción comunitaria como gramática de respuesta se orienta al empoderamiento personal y colectivo basado en la centralidad de los vínculos y la densidad relacional. En sociedades complejas, la ciudadanía -junto a componentes de justicia espacial e inclusión social- debe aportar anclajes comunitarios de vida cotidiana. En clave de políticas públicas, la acción comunitaria puede desplegarse a través de: a) la lógica territorial: planes y marcos de gobernanza a escala de barrio como espacios de cooperación público-vecinal de carácter integral; b) la lógica del commoning: consolidación del tejido de lo común por medio de articulaciones estables entre la acción colectiva y las instituciones de proximidad (cocreación de políticas, gestión comunitaria de servicios…); c) la lógica infraestructural: acciones impulsadas desde las redes de servicios públicos (educación, cultura, salud, cuidados…) para dotar de dimensión comunitaria al bienestar; lógica que remite a los equipamientos de proximidad y a la necesidad de convertirlos en bienes comunes, como aportación a la agenda de la fraternidad.

- Territorios de educación y cultura. La escuela pública constituyó un eje central de igualdad en el contrato social del siglo XX; la articulación de educación, cultura y comunidad podría construir una dimensión clave de la agenda de fraternidad en el contrato social del siglo XXI. Transitar hacia un escenario de educación fraternal implica, en primer lugar, revertir el conjunto de factores que generan segregación escolar: poner fin a esquemas duales (pública/concertada) que allanan los caminos de huida de las clases medias Pero la desegregación educativa debe ir más allá de las escuelas. Ello conduce a dos ideas-fuerza. a) La ampliación educativa hacia el conjunto de los ciclos de vida (universalizar los servicios educativos y de cuidados de 0 a 3 años). b) La ampliación educativa hacia el conjunto de entornos de vida cotidiana (revertir la segregación en actividades extraescolares; conectar escuelas y barrios). La vinculación cultura-educación, finalmente, emerge como el marco básico donde ubicar la superación de las segregaciones culturales. Los escenarios de fragmentación se expresan hoy en circuitos de consumo, más que de participación cultural; y de mercado, más que de derechos culturales. La transición debería articular un entramado de actividades culturales inclusivas y de proximidad, así como dotar de centralidad a los espacios comunitarios  y reconocer los activos culturales ciudadanos no formalizados.

- Barrios y vidas saludables. La conexión salud-alimentación-ecología aparece como pieza clave en la transición hacia nuevos escenarios cotidianos de mixtura. En el terreno de la salud puede plantearse por un lado un giro hacia la proximidad, fortaleciendo la red de centros de atención primaria en los barrios. Y por otro lado un giro comunitario que permita forjar procesos de construcción colectiva de la salud entre recursos públicos y tejido vecinal-asociativo. En la dimensión alimentaria, priorizar la acción contrasegregadora implica reforzar de forma articulada el eje social: cobertura de necesidades alimentarias de personas y colectivos en riesgo de exclusión; el eje territorial: mejora de los entornos alimentarios locales en barrios de rentas bajas; y el eje comunitario: apoyo a iniciativas ciudadanas de solidaridad alimentaria y de consumo agroecológico. No podemos olvidar, por último, las segregaciones vinculadas a los determinantes ambientales de la salud. Los barrios frágiles sufren de forma más intensa las consecuencias del cambio climático y de la contaminanción. Es por ello que las políticas urbanas de transición energética y movilidad sostenible son relevantes en tanto que políticas de salud y resultan además fundamentales en su contribución a la justicia socioespacial.

En síntesis, construir ciudadanía social en el siglo XXI es tarea compleja y necesaria. Las dimensiones del cambio de época nos ubican en transiciones vitales inéditas. Tejer un contrato social conectado a las nuevas realidades supone redibujar muchas coordenadas del viejo modelo de bienestar. Implica, en todo caso, superar las relaciones contradictorias entre los regímenes de bienestar clásicos y las esferas cotidianas de segregación. Explorar caminos que hagan posible forjar una agenda de fraternidad como dimensión central de los procesos de innovación y cambio; trazar geografías compartidas como infraestructuras cotidianas de emancipación; diseñar políticas públicas de generación de mixturas, y prácticas colectivas donde producir los vínculos cotidianos de esas mixturas. Tal vez así pueda reescribirse la gramática de la igualdad. Tal vez así pueda tomar un nuevo sentido la pulsión humanista del viejo estado de bienestar.

 



[i] Klinenberg, E. (2021) Palacios del pueblo. Políticas para una sociedad más igualitaria. Madrid: Capitan Swing

 

[i][i] Blanco I. Gomà R. (coord.) (2022) ¿Vidas segregadas?. Reconstruir fraternidad. València: Tirant (de próxima aparición). Antón, F; Barbieri, N; Benach, J; Bonal, X; Checa, J; Cruz, H; Domene, E; Donat, C; Garcia, M; Garcia, X; González, S; Navarro, L; Nel·lo, O; Pérez, M; Pérez, N; Pericàs, J.M; Pindado, F; Porcel, S, i Rebollo, O.

 

 

 

Tejer ciudadanía social más allá del estado de bienestar

 Article amb Gemma Ubasart, publicat a El País, 13/12 2021

Venimos de una década convulsa. La Gran Recesión golpeó los parámetros económico-financieros de la globalización desregulada. Y su gestión política, en clave austeritaria, configuró la fase más intensa del ciclo neoliberal. La Pandemia altera las coordenadas. Resurge lo colectivo como necesidad humana, más que como opción disponible en el abánico ideológico: ahí está la puesta en valor de servicios públicos y prácticas solidarias; ahí está el esquema europeo de reconstrucción. Pero más allá de crisis cíclicas y respuestas coyunturales, subyacen también dinámicas de cambio de época en múltiples dimensiones. La última década dibuja un tiempo de transformaciones intensas, diversas y aceleradas, llamadas a redibujar trayectorias personales y horizontes colectivos: emerge una nueva era. En la esfera socioeconómica se despliegan los procesos de transición tecnológica; se extiende la financiarización y sus lógicas especulativas; se redefinen factores de desigualdad y expresiones de vulnerabilidad. En la esfera sociocultural irrumpe un mundo de complejidades cotidianas, de discontinuidades vitales e incertidumbres biográficas. En la esfera ecológica se agudizan los riesgos ambientales socialmente producidos; se dibujan procesos de gentrificación, segregación y geografías de despoblación. En la esfera política se redefinen referentes de pertenencia; afloran energías ciudadanas de nuevo tipo; y se configuran coaliciones en torno a dimensiones emergentes de conflicto.

Explica Hirschman en ‘Retóricas de la intransigencia’ que ante los escenarios de cambio de época surgen pulsiones conservadoras capturables en tres tesis: futilidad, riesgo y perversidad. La futilidad supone la banalización del cambio. Riesgo y perversidad implican una lógica de fatalidad: el cambio llevaría a cuestionar conquistas y agravar problemas. Si eso fuera así, bastaría forjar estrategias entre el inmovilismo y la resistencia. Pero otra mirada es posible. Las dimensiones del cambio de época pueden ser leídas como coordenadas de reconstrucción de ciudadanía. El contexto actual de emergencia climática e incertidumbres postpandémicas resulta el escenario donde cartografiar los contratos sociales, ecológicos y de género para el siglo XXI: un entramado de derechos conectados a la sociedad surgida de las grandes transiciones, y a su nueva estructura de riesgos colectivos. Parece evidente que entre todo ello y las lógicas fordistas-keynesianas que alumbraron los regímenes de bienestar del siglo XX  se abre un abismo. Se trata de un desencaje de época que convoca a explorar políticas de nuevo tipo y nuevas formas de producirlas. A situar al estado de bienestar frente al espejo del cambio de era. Emergen tres esferas propositivas clave. 

1) Enlazar igualdad con diferencias y autonomía con vínculos. El tiempo nuevo viene cruzado por tensiones: ejes emergentes de desigualdad, discriminación, ausencia de libertad y exclusión relacional. La reconstrucción de derechos debería conducir a espacios de equidad (forjar igualdad), diversidad (reconocer diferencias), autodeterminación personal (generar autonomía) y comunidad (articular vínculos). La gramática de una ciudadanía social posible para el s.XXI se escribe en la conexión de igualdad con diferencias y de autonomía con vínculos. Materializar la construcción de equidad en un marco de diversidades puede requerir, en clave de políticas, cuatro giros sobre los términos del viejo contrato social: hacia la predistribución, más allá de lógicas redistributivas clásicas; hacia los feminismos, más allá de las relaciones de género dominantes; hacia la interculturalidad, más allá de las concepciones tradicionales de integración; hacia las edades, más allá de enfoques adultocráticos. Materializar la construcción de autonomía en un marco de fraternidad, puede requerir cuatro nuevas transformaciones: hacia la renta básica, para garantizar condiciones materiales de existencia y libertad real; hacia la transición ecosocial, para construir justicia climática global y soberanías de proximidad; hacia los cuidados, como bienes comunes relacionales orientados a superar vulnerabilidades cotidianas; y hacia la agenda urbana, para asegurar el derecho a la ciudad.

2) Democratizar la ciudadanía social. El estado de bienestar keynesiano se inscribió en una doble coordenda institucional: un modelo de democracia representativa con procesos limitados de implicación ciudadana; y un esquema burocrático de gestión pública heredero de dogmas weberianos. Ambos parámetros guardan relación: una democracia de baja calidad participativa encaja bien con una administración de baja intensidad deliberativa. Hacia finales del s.XX la ofensiva mercantilizadora diseña, en el plano de la administración, el esquema del New Public Management (NPM): transferencia de la lógica empresarial al ámbito público, externalizaciones y sustitución de ciudadanos por clientes. Hoy, en pleno s.XXI, la reconstrucción de la ciudadanía social afronta el reto de impulsar el giro hacia lo común: superar tanto el monopolismo burocrático como el NPM y convertir los derechos sociales en ámbitos de profundización democrática. La gobernanza participativa y relacional implica políticas generadoras de democracia activa, servicios reconfigurados como bienes comunes, y prácticas ciudadanas como espacios de autogestión de derechos. Supone una esfera pública articulada por redes público-comunitarias, procesos de coproducción, e iniciativas de innovación social. Una gobernanza orientada a vertebrar lo común más que a gestionar burocracias. Con una administración democrática y deliberativa; y una acción colectiva declinada en términos de construir, más que de resistir.

3) Fortalecer la proximidad y la ciudadanía multiescalar. La sociedad industrial generó marcos nacionales de gestión del conflicto de clases, el contrato social fraguó en el espacio de los estados. A finales del s. XX, los procesos incipientes de europeización / descentralización implicaron un cambio en la geografía del bienestar: el viejo esquema dió paso a las primeras redes multiescalares. En el ámbito europeo cuajaron dos opciones estratégicas. Priorizar la agenda urbana/regional de los programas de cohesión y apostar por un engranaje de gobernanza compleja. La Unión jugaría un papel relevante; pero lejos de excluir, operaría como palanca de activación de políticas sociales multinivel. En el s.XXI, las transiciones ahondan en el giro socioespacial y la escala europea aborda dos retos simultáneos: ampliar capacidades de gobierno en consonacia con el carácter global de los nuevos riesgos ecosociales, y democratizar procesos para trabajar de forma más cooperativa y horizontal con los espacios de proximidad. En el ámbito urbano, irrumpen nuevas fragilidades conectadas a la transición sociocultural (crisis de los cuidados, dificultades de acogida, soledades) que remiten a una arquitectura más cotidiana de los derechos sociales. Aparecen también fracturas vinculadas a la transición socioeconómica (desahucios, gentrificación, segregación residencial) que convocan a reconstruir ciudadanía desde la centralidad del hábitat. Frente a la trazabilidad local de los cambios, emerge el reto de fortalecer el bienestar de proximidad por medio de políticas ubicadas en los márgenes del estado social: inclusión, cuidados, vivienda, movilidad sostenible… Reescribir, en síntesis, una institucionalidad con más poder en el territorio: allí donde las cosas pasan, donde late la inteligencia colectiva para abordarlas.

Tejer ciudadanía social en el siglo XXI es tarea tan compleja como necesaria. El cambio de época nos ubica en transiciones vitales donde crecen miedos y esperanzas, incertidumbres y oportunidades. Forjar contratos sociales, ecológicos y de género conectados a esas nuevas realidades implica superar muchas coordenadas del viejo modelo de bienestar. Supone vertebrar un campo de políticas y prácticas donde la igualdad pueda conversar con las diferencias; donde la autonomía personal pueda hacerlo con la fraternidad. Supone también vincular lógicas de protección con más y mejor democracia; conectar la transformación de las administraciones con la articulación de lo común. E implica, finalmente, fortalecer las dimensión de proximidad de los derechos sociales, con el muncipalismo como motor de ciudadanía en marcos cooperativos de gobernanza multiescalar.

Esferes de segregació i polítiques de fraternitat

 Article amb Ismael Blanco, publicat a 'Pensem.cat' el 30 de novembre de 2021

1. Interaccions entre desigualtat i segregació social

El creixement de les desigualtats socials ha resultat intens en bona part del món al llarg del cicle històric més recent. Cap a finals dels anys 70 del segle XX es produeix una inflexió, a escala global, en la dinàmica de distribució social de la renda. Les quatre dècades posteriors (1980-2020) dibuixen un temps d’increment sostingut de les desigualtats, amb variacions importants. A Europa, la regió més igualitària del planeta, la proporció de renda en mans del 10% més ric passa del 32% al 38% i a Nordamèrica es dispara del 34% al 47%. A Rússia i Xina la concentració de renda en el segment alt creix més de 20 punts percentuals. I a Amèrica Llatina, a països com Xile, Brasil i Mèxic, els més rics segueixen acumulant a l’entorn d’un 60% de la renda. Les dinàmiques incrementals de desigualtat social comporten l’avenç accelerat cap a societats més polaritzades, amb unes capes mitjanes fragilitzades, un augment de la població en risc de pobresa i una més gran concentració de la riquesa. Al creuar-se amb variables de gènere, edat, origen i residencials, aquest creixement de la desigualtat dona lloc a unes estructures socioespacials més complexes i fragmentades. L’última dècada ha accelerat aquest tipus de processos: primer com a conseqüència de la Gran Recessió de 2008 i les seves polítiques d’austeritat; de forma més recent, com a conseqüència de la crisi sanitària, social i econòmica provocada per la pandèmia de la Covid-19. 

El creixement recent de les desigualtats es produeix en un marc d’interaccions intenses i complexes amb les dinàmiques de segregació social. Per segregació social entenem la tendència de diferents grups a separar-se en la seva quotidiantitat, de forma que les vides d’uns i altres tendeixen a transcórrer en espais no compartits, fent així més improbable la interacció entre ells. La segregació implica per tant la (pràctica) inexistència d’escenaris de mixtura, expressa la fragilitat o absència de comunitats amb vinculacions creuades.

Plantegem una idea inicial. Quan la construcció d’igualtat s’afebleix, les segregacions tendeixen a eixamplar-se; la cristal.lització progressiva d’esferes segregades genera llavors noves condicions d’ampliació de desigualtats. En sentit oposat, l’existència i qualitat d’espais de mixtura, de comunitats diverses amb alta densitat relacional, opera com a factor promotor d’horitzons d’equitat, compatibles amb l’autonomia i les diferències. Considerem per tant dos eixos que tensionen les estructures socials: segregació/mixtura i desigualtat/igualtat. Són distingibles però interseccionen, i en els seus creuaments es perfilen escenaris múltiples. En el pol de la mixtura igualitària, la barreja crea i manté condicions d’igualtat; en l’altre pol, la fragmentació desigual provoca l’alimentació mútua entre separacions i inequitats. Més enllà, es dibuixen també escenaris híbrids: la mixtura desigual, on les barreges són compatibles amb desigualtats socials intenses; i la fragmentació igualitària, on la redistribució no ha quallat en vincles comunitaris.

Son models teòricament plausibles, que donen lloc a configuracions socioespacials concretes, en contextos històrics i territorials específics. Tots els escenaris son tendencials i inestables, en la mesura que els factors d’interrelació romanen també actius i canviants; poden descriure tendències diverses, inclús contradictòries, coexistents en un mateix temps i lloc. Allò important, per tant, no és la construcció teòrica en sí; és rellevant intentar conèixer la forma en que la realitat s’aproxima a uns o altres escenaris, així com les conseqüències socials i reptes polítics que tot això comporta  

 

2.     Esferes quotidianes de segregació: escenaris de fragmentació desigual

Convé per tant analitzar de forma concreta -a partir d’àmbits temàtics i des d’anàlisis situades- les interaccions entre segregació i desigualtat. A això s’orienta el llibre col.lectiu de propera aparició ‘Vidas segregadas. Reconstruir fraternidad’. Es tracten en ell quatre grans blocs: els barris, les comunitats i la mobilitat quotidiana; l’educació, les cures infantils i la cultura; la salut i l’alimentació saludable; les capacitats institucionals i l’acció col.lectiva. Cada bloc aporta evidències que ens permeten trobar elements de resposta a preguntes clau. Transiten les nostres vides quotidianes per esferes de segregació?. Ho fan amb més o menys intensitat en uns àmbits o en d’altres?. Operen aquestes fragmentacions com a motor de creixement de la desigualtat?.

Del conjunt d’estudis temàtics van sorgint els trets que caracteritzen els múltiples escenaris de fragmentació desigual. Esferes de vida diària on les desigualtats econòmiques, socioculturals i d’agència institucional o col.lectiva es plasmen també en dinàmiques de segregació que fracturen la quotidianitat dels grups socials:

 

·       Processos de fragmentació residencial d’arrel socioeconòmica i ètnicocultural entre barris, al costat de lògiques de desvinculació relacional i fragilitat comunitària en els barris.

 

·       Segregacions amb biaixos de classe i gènere en les dinàmiques quotidianes de mobilitat, al costat d’inequitats socioespacials en els serveis de transport públic col.lectiu.

 

·       Serveis d’educació infantil amb taxes reduides de cobertura i barreres econòmiques d’accés; escoles i xarxes d’escolarització segregades; i espais educatius extraescolars fortament excloents. Desigualtats socioterritorials de participació cultural, espais fragmentats d’accés i pràctica, i absència de reconeixement d’actius culturals comunitaris.

 

·       Esferes segregades d’atenció sanitària segons nivells de renda, i territoris segregats en salut segons nivells de vulnerabilitat urbana. Segregació socioespacial alimentària: ‘deserts d’alimentació saludable’ en barris d’alta vulnerabilitat, i ‘miratges alimentaris’ en barris no vulnerables amb oferta saludable no assequible per a rendes baixes. Elevada relació entre oferta ecològica i barris benestants, i més gran exposició a aliments no saludables en entorns escolars de barris perifèrics.

 

·       Capacitats institucionals i col.lectives concentrades en municipis i barris de rendes mitjanes i altes, amb necessitats socials relativament baixes. Al costat d’àrees de forta vulnerabilitat social, urbana i comunitària privades dels recursos públics municipals i del capital relacional necessari per a revertir els seus múltiples desavantatges.

L’acumulació d’aquest conjunt de dimensions dona lloc al mosaic de la segregació quotidiana, un ventall d’escenaris de fragmentació desigual que van configurant una realitat de vides separades. Una realitat que no només reflecteix desigualtats, sinó que genera, també, condicions de reproducció ampliada d’aquestes mateixes desigualtats. Per a superar aquesta lògica, i impulsar transicions cap a escenaris de mixtura igualitària es fan necessàries polítiques públiques i pràctiques socials, així com pautes d’interacció entre elles.

 

3.     Estat de benestar i segregació social: interaccions complexes

El contracte social que va donar lloc als estats de benestar europeus implicà, després de la segona guerra mundial, un període sense precedents de reducció de la desigualtat, per mitjà de polítiques de caràcter redistributiu i de cobertura pública de necessitats socials. Es redistribueixen rendes, tot i mantenint disparitats rellevants d’ingressos primaris. I, més enllà de la dimensió econòmica, les distribucions socials de poder van quedar relativament inalterades. Tot això, a més, es donava en un marc de baixa heterogeneïtat social, en un context d’amplis agregats col.lectius, estructurats per l’eix de classe. L’esmentat model es va articular en base a un sòlid exercici de solidaritat, orientat a la construcció de cohesió social. Les institucions de l’estat de benestar, sobretot les de caràcter universal, van impulsar la trobada entre grups socials amb independència dels seus nivells de renda i van mantenir per tant actives les condicions quotidianes de la igualtat.   

Però l’estat de benestar no només ha actuat com a palanca d’igualtat i de barreja. En certes circumstàncies ha operat també com a factor de segregació. Quan les polítiques socials no son universals (per exemple, programes selectius per nivells de renda), ni s’incardinen en processos de construcció de comunitat (per exemple, equipaments públics aliens al teixit social del territori) poden contribuir a reforçar dinàmiques de fragmentació. Un exemple històric d’aquest fenomen, de nítides característiques socioespacials, fou la construcció massiva d’habitatge públic a les perifèries de les grans ciutats europees entre els anys 50 i 70 del segle XX. En aquest cas, el dret a l’habitatge (dimensió d’igualtat) es va fer tangible en termes de segregació urbana (contrària al dret a la ciutat). Recentment, l’increment tant de les desigualtats  com de les dinàmiques de segregació s’explica també pels embats que pateix l’estat de benestar: erosió política del vell contracte social, i dificultats estructurals de reconstruir ciutadania en un context de canvi d’època.

Les coordenades del debat se situen avui sobretot en els valors i polítiques que hauria d’incorporar un nou contracte social per a teixir igualtats i mixtures, tot i respectant diferències i autonomies, en un context de complexitats, incerteses i injustícies ben diferent al que va donar origen al model de benestar clàssic. Com erigir una dimensió de fraternitat potent en el nucli d’una ciutadania social possible per al segle XXI?. Emergeix el repte d’explorar polítiques públiques i pràctiques socials de nou tipus orientades a rearticular espais compartits i vincles, a situar la construcció de fraternitat en el nucli del nou contracte social. Potser així pugui reescriure’s la gramàtica de la igualtat.

 

4.     Cap a quotidianitats de mixtura igualitària: polítiques per a construir fraternitat

Durant les últimes dècades, les agendes de drets socials han tingut un desplegament feble tant en polítiques urbanes de generació de mixtures, com en polítiques comunitàries on produir els vincles quotidians d’aquestes mixtures. Ni els barris ni les comunitats; ni la justícia espacial, ni els llaços solidaris s’han ubicat entre les prioritats dels règims de benestar europeus. La praxi neoliberal, a més, ha desfermat desigualtats i segregacions, i ha trencat molts dels vincles preexistents.

Ens trobem actualment en un nítid punt d’inflexió postpandèmica cap a la reconstrucció d’un nou contracte social, ecològic i de gènere per al segle XXI. Uns drets socials adaptats a la societat sorgida de les grans transicions i a la seva nova estructura de riscos ecosocials. I és en aquesta conjuntura on adquireix sentit pensar i erigir una dimensió del nou estat de benestar orientada a la fraternitat, a l’articulació de comunitats diverses amb teixit solidari. Polítiques per desegregar, per generar espais i xarxes d’hibridació de grups i funcions. Aquest gir cap a la fraternitat té sentit per sí sol, i en té també com a motor de reconstrucció d’estratègies igualitaristes. Sembla evident, a més, que el vessant de fraternitat del nou contracte social hauria de teixir-se des de polítiques de proximitat i per tant des de poders locals més forts; així com des de l’aprofundiment democràtic i per tant des de la cocreació d’aquestes polítiques.

Pot sobre aquestes bases dibuixar-se una agenda de fraternitat, de transició cap a escenaris quotidians de mixtura igualitària? Els capítols temàtics de ‘Vidas segregadas’ ens ofereixen pistes de gran valor. Podem considerar, a partir d’elles, cinc eixos vertebradors de l’esmentada agenda. No es tracta d’eixos estrictament sectorials, sinó que sorgeixen més aviat com a àmbits amplis on desplegar capacitats institucionals i ciutadanes. Àmbits que aporten mirades específiques, però també creuaments i interseccions entre ells. Es tractaria, en síntesi, de teixir l’entramat polític i comunitari de la mixtura: aquest nou contracte social que, ara sí, articuli igualtat amb fraternitat.

 

- Regeneració urbana i redistribució metropolitana

El conjunt de vulnerabilitats vinculades a la segregació i l’exclusió habitacional guanyen centralitat en l’estructura emergent de riscos socials. El nou municipalisme reclama les eines necessàries per construir el dret a la ciutat. I els agents urbans construeixen pràctiques innovadores i significats compartits, un nou sentit comú on arrela la defensa comunitària de la justícia espacial. En aquest context, enfront la segregació generadora d’hàbitats fragmentats i desiguals, sorgeix la necessitat d’una bateria de polítiques urbanes pel dret a la ciutat, com a component central de l’agenda de fraternitat: l’accés a l’habitatge en tots els entorns urbans; la seguretat residencial enfront lògiques de gentrificació; la millora de barris vulnerables davant de dinàmiques de degradació; i la creació d’espais urbans per a la mobilitat sostenible. Una agenda contrasegregadora orientada a crear quotidianitats compartides en espais de mixtura social i funcional.

La segregació urbana incorpora avui una nítida escala metropolitana: eixos transmunicpals de vulnerabilitat socioespacial; i lògiques d’especialització intermunicipal en funció de nivells econòmics de la població. Enfront a aquesta realitat, les noves agendes de fraternitat no poden obviar la redistribució metropolitana vehiculada per mitjà de dos tipus de polítiques: a) un model més progressiu de finançament municipal orientat a incrementar els recursos de les ciutats amb més concentració de riscos i exclusions; b) un model de governança de les metròpolis amb les competències necessàries per dissenyar polítiques estructurals de millora de barris vulnerables.

- Inclusió social i interculturalitat

 Els escenaris de fragmentació desigual cristal.litzen en l’espai urbà, i ho fan també en la seva geografia humana: s’articulen vulnerabilitat residencial i exclusió social. Les estratègies d’inclusió, com a factors de contrasegregació social, es desenvolupen en dos camps principals: pobresa severa i diversitat ètnicocultural.

 

·       La pobresa severa remet a l’enfortiment de les xarxes de serveis socials com a espais clau d’inclusió sociorelacional en el territori. Enfront a les fractures en el teixit de la cohesió, resulta fonamental l’existència d’uns serveis socials universals, promotors de l’autonomia personal i els llaços comunitaris. Uns serveis amb capacitat d’impulsar lògiques d’apoderament col.lectiu que situin a les persones vulnerables com a subjectes actius, protagonistes dels seus propis itineraris d’inclusió.

 

·       Les ciutats han anat transitant cap a l’heterogeneïtat ètnicocultural. La segregació urbana de la població d’origen estranger amb trajectòria migratòria d’arrel socioeconòmica genera importants escenaris de fragmentació desigual. En aquest terreny, l’agenda de la fraternitat remet al model intercultural, definit per la voluntat de generar simultàniament condicions d’igualtat política, inclusió social i reconeixement cultural. I encara més important: sense coexistències quotidianes en paral.lel; amb regles de joc acordades que facin possible la interacció, barri a barri. La proposta intercultural posa l’accent en la creació d’un espai urbà compartit, contrasegregador, com a marc de pràctiques relacionals en la diversitat.

 -  Acció comunitària i iniciatives ciutadanes

La segregació comunitària implica múltiples fragilitats en l’esfera relacional: es tracta d’interaccions febles i llaços comunitaris escassos; solituds forçades i dinàmiques d’aïllament; vides desvinculades dels seus entorns. L’acció comunitària com a gramàtica de resposta contrasegregadora s’orienta a l’apoderament personal i col.lectiu basat en la centralitat dels vincles i la densitat relacional. En societats complexes, la ciutadania -al costat de components de justícia espacial i inclusió social- ha d’aportar ancoratges comunitaris de vida quotidiana, com a motor de construcció de mixtures igualitàries.

En clau de polítiques públiques, l’acció comunitària pot desplegar-se a través de: a) la lògica territorial: plans i marcs de governança a escala de barri com a espais de cooperació públic-veïnal de caràcter integral; b) la lògica trans-sectorial: accions impulsades des de les xarxes de serveis públics (educació, cultura, salut, cures...) per a dotar de dimensió comunitària al model de benestar. Aquesta lògica remet als equipaments de proximitat i a la necessitat de convertir-los en bens comuns, en espais d’infraestructura comunitària, com a aportació a l’agenda de fraternitat, a la construcció tangible de mixtures igualitàries.

En el terreny de les pràctiques ciutadanes, la distribució socioespacial del conjunt d’iniciatives va configurant i reproduint una pauta concreta: l’acció col.lectiva no es genera en aquelles àrees on resideix la població de rendes més baixes, sinó en barris de classe mitjana amb forta articulació associativa i una tradició potent de participació social. Enfront a aquesta realitat sembla necessari construir marcs de suport a l’acció col.lectiva urbana que poden cristal.litzar en un mínim de quatre línies d’acció: a) promoure l’scaling up: reescalar pràctiques per a que arribin a àmbits territorials més amplis; b) afavorir l’scaling out: articular xarxes horitzontals d’intercanvi que permetin aprenentatges creuats i rèpliques reflexives de pràctiques en marxa; c) impulsar el reequilibri de les geografies de l’acció col.lectiva, amb processos de difusió d’iniciatives cap a territoris vulnerables, i eines de suport que permetin enfortir el capital social i les pràctiques en aquests mateixos territoris; d) possibilitar la consolidació del teixit del comú per mitjà d’articulacions estables entre l’acció col.lectiva i les institucions de proximitat (coproducció de polítiques, gestió comunitària de serveis...).

- Territoris d’educació i cultura

L’escola pública va constituir l’eix central d’igualtat en el contracte social del segle XX; l’articulació d’educació, cultura i territori/comunitat pot construir una dimensió clau de l’agenda de fraternitat en el contracte social del segle XXI. Transitar cap a un escenari d’educació inclusiva i fraternal implica, en primer lloc, revertir el conjunt de factors que, inserits en el disseny de les polítiques educatives, generen segregació. Suposa posar fi a esquemes de doble xarxa (pública/concertada) que aplanen camins de fugida, i consolidar models d’accés de proximitat amb distribució equitativa d’alumnat vulnerable.

Però la desegregació educativa ha de desbordar l’espai escolar, en dues direccions. A) L’ampliació educativa cap al conjunt dels cicles de vida. Emergeix aquí amb força la necessitat d’universalitzar els serveis educatius i de cura de 0 a 3 anys, amb supressió de barreres econòmiques d’accés. B) L’ampliació educativa cap al conjunt d’entorns de vida quotidiana. Sorgeix aquí, d’una banda, el repte de revertir la segregació en els espais i activitats extraescolars, que segueixen avui travessats per fortes inequitats territorials. I, d’altra banda, l’aposta per connectar escoles i barris: centres educatius compromesos amb la realitat de les seves comunitats, i comunitats que assumeixen la referencialitat de les seves escoles.

La vinculació cultura-educació, finalment, emergeix com el marc bàsic en el qual ubicar la superació de les segregacions culturals. Els escenaris de fragmentació desigual s’expressen avui en circuits de producció, oferta i accés en clau de consum, més que de participació cultural; i de mercats, més que de drets culturals. La transició hauria de: a) articular un entramat d’activitats culturals de caràcter inclusiu en tots els barris; b) dotar de centralitat als espais comunitaris (centres cívics, biblioteques, ateneus, casals de barri, fàbriques de creació) en les polítiques culturals; i c) reconèixer les pràctiques comunitàries i els actius culturals ciutadans no formalitzats.

- Barris i vides saludables

La connexió salut-alimentació-ecologia urbana apareix avui com a un eix rellevant, com a peça clau en la transició cap a nous escenaris quotidians de mixtura social. En el terreny dels serveis de salut, pot plantejar-se d’una banda un gir cap a la proximitat, enfortint la xarxa de centres d’atenció primària als barris, amb prioritat cap als més vulnerables. I d’altra banda un gir comunitari que permeti forjar processos de construcció col.lectiva de la salut des de la col.laboració entre el conjunt de recursos públics i el teixit veïnal i associatiu. En la dimensió alimentària, prioritzar l’acció contrasegregadora implica enfortir de forma articulada: a) l’eix social: la cobertura de necessitats alimentàries de persones i col.lectius en risc d’exclusió; b) l’eix territorial: la millora dels EAL (entorns alimentaris locals) en barris de rendes baixes i àrees escolars; c) l’eix comunitari: el suport a iniciatives ciutadanes de solidaritat alimentària i de consum agroecològic i, sobretot, la seva coordinació i extensió territorial per arribar als barris més vulnerables. No podem oblidar, per últim, les desigualtats i segregacions vinculades als determinants ambientals de la salut. Els estrats de rendes baixes i els barris fràgils pateixen de forma més intensa les conseqüències del canvi climàtic i de la contaminació de l’aire. És per això que les principals polítiques d’ecologia urbana (transició energètica i canvi modal cap a la mobilitat saludable) son rellevants en tant que polítiques de salut, i resulten a més fonamentals en la seva contribució a la justícia socioespacial.

Arribem al final d’aquest exercici de reflexió, exploració i proposta, que hem bastit a partir del llibre col.lectiu ‘Vidas segregadas’, de propera aparició. Vam iniciar el trajecte amb l’articulació d’un marc teòric on dibuixàvem l’eix segregació-mixtura com a una de les dimensions que tensionen la realitat social. I on situàvem la doble idea de la segregació com a antagonista de la fraternitat, i com a erosionadora de les bases quotidianes de la igualtat. Hem revisat després evidències més enllà del camp de la segregació residencial, amb incursions cap a esferes menys explorades:  els vincles comunitaris, les dinàmiques de mobilitat, els espais educatius i de cures, els àmbits culturals, els sistemes de salut, els entorns alimentaris, les capacitats institucionals i els mapes d’acció col.lectiva. Perfilar un horitzó propositiu era, finalment, una tercera finalitat explícita. El punt de partida passava per visibilitzar les relacions complexes, fins i tot contradictòries de l’estat de benestar tradicional amb les esferes quotidianes de segregació. I, a partir d’aquí, perfilar una agenda oberta de fraternitat com a dimensió central en els processos de reconstrucció de ciutadania social durant les properes dècades. S’han dibuixat propostes en els terrenys de la regeneració urbana i la redistribució metropolitana; la inclusió social i la interculturalitat; l’acció comunitària i les pràctiques ciutadanes; els territoris educatius-culturals; i les vides saludables. Esperem haver aportat, sobretot, estímuls per seguir traçant un camí de superació de segregacions i de construcció de fraternitats.